Para cuando hayamos de despegar

La observación del cielo nocturno no es una actividad reciente si se tienen en cuenta las muchas generaciones que nos preceden, y la gran cantidad de evidencias que nos hablan del interés de nuestros ancestros por aquellos puntos palpitantes que colorean el firmamento. Al dirigir nuestras miradas a las antiguas civilizaciones tanto del viejo continente europeo, como de Asia e inclusive las civilizaciones precolombinas, encontramos un sinfín de relatos que nos hablan de unos seres, que como nosotros compartían una fascinación por revelar los secretos del universo.

Hoy tenemos conocimiento de cientos de historias mitológicas inspiradas por antiguos poetas galácticos, que con la necesidad de dar una explicación contundente de los cuerpos celestes que observaban al caer la noche, y movidos por su belleza, hilaron relatos que fueron aceptados abiertamente por sus contemporáneos. Algunas de estas historias fueron utilizadas para narrar las hazañas de héroes o dioses, que en muchas ocasiones proporcionaban “ideas” sobre la composición del cosmos. Pero que con la llegada del pensamiento crítico y la astronomía como ciencia fueron perdiendo un impacto considerable.
La disolución de la mitología como método para conocer el mundo, comenzó hace apenas unos 2.200 años, cuando los hombres más sabios del Mundo Clásico, entre ellos personalidades tan destacadas como Hiparco, Hipatia, Arquímedes, Euclides y otros, comenzaron a cuestionar la veracidad de las historias, que por generaciones habían sido la base del conocimiento. En medio de una sociedad hambrienta de saberes, como lo era entonces Alejandría, el famoso astrónomo Aristarco de Samos hizo una afirmación que quebrantaría el ego de una raza que pretendía estar en el centro del universo, o como lo expresa Carl Sagan en su fascinante serie de televisión, Cosmos: “…Aristarco de Samos sostenía que la Tierra era un planeta que, como los otros, giraba en torno al Sol y que las estrellas estaban descomunalmente lejos” (1980). Esta afirmación fundamentada en la observación de la bastedad del universo, no fue comprobada hasta que la mutua colaboración de genios un poco más cercanos a nosotros, como lo fueron Kepler, quien ayudado por los cálculos de Tycho Brahe formulo leyes que explicaban el movimiento elíptico de los planetas; y Galileo que con sus primeras observaciones por telescopio reveló la existencia de otros mundos próximos al nuestro, algunos adornados con anillos, como Saturno, y otros que a su vez contenía múltiples mundos alrededor de sus orbitas, como Júpiter. Los dioses que alguna vez nos fueron útiles para nombrar astros, fueron aprisionados en la antigüedad para dar paso a la era de la ciencia.

Pero antes de que, como hoy, pudiésemos afirmar con total certeza que La Tierra no se encuentra en el centro del universo, sino que por el contrario es un planeta subordinado a una estrella bastante común, que a su vez hace parte de una de las miles de billones de galaxias que hay en nuestro universo, tuvimos que atravesar por eras donde expresar tales ideas era considerado una herejía y debías morir por ello. Aún hoy, en medio de una época gloriosa en materia de tecnología e investigación científica, hay quienes consideran la idea de poner al ser humano en el centro de un cosmos tan basto como el que conocemos, como una concepción bastante lógica, en lugar de mirar más allá y ver lo insignificantes que resultamos, cuando al dar una mirada al cielo, nos damos cuenta el pequeño y poco importante lugar que ocupamos.

Hoy, como nunca antes, la humanidad puede desentrañar los enigmas que el universo nos ha estado ofreciendo desde que como raza comenzamos a formularnos preguntas, ¡es este el momento y el lugar donde los humanos pensamos en el universo como en nosotros mismos! ¡Como la parte de este que cobro vida, y que se hizo consciente!, o como lo afirma el astrofísico Jorge Iván Zuluaga, en un vídeo titulado Astronomía, la ciencia del futuro que fue publicado en el canal de YouTube de la Universidad Autónoma de Occidente: “acercarse a la astronomía es acercarse a, repito, una ciencia que ha estado con nosotros desde el principio de la humanidad, es acercarse a los secretos, digamos, del universo”. (Zuluaga, 2016, 0:40-0:49). Así pues, en una sociedad donde no se corre con el menor riego de caer en manos inquisitorias por buscar respuestas a preguntas que nos surgen sobre el universo, y donde podemos acceder a imágenes que dan cuenta del esplendor del cosmos como la que se encuentra a continuación, y que por cierto es el resultado de un viaje interplanetario llevado a cabo por una sonda espacial, hecho que demuestra los alcances de la humanidad, que paso de dar miradas superfluas al espacio, con instrumentos no tan complejos, a poner telescopios en la órbita terrestres que nos ilustran en materia de conocimiento, y nos permiten aventurarnos a través de regiones del espacio que quizás jamás veamos con nuestros propios ojos.

 

 

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Credito: Cassini Imaging Team, SSI, JPL, ESA, NASA

 

Cassini, como otros de los miles de objetos creados por el hombre que han sido lanzados al espacio, representa nuestros ojos en los rincones del océano intergaláctico, proporcionándonos vistas de un universo que comenzamos a soñar hace un par de milenios, pero que hasta ahora comenzamos a explorar. Cuán fascinado estaría ahora Aristarco, o el mártir de la ciencia Giordano Bruno, al ver con sus propios ojos los mapas del universo obsérvale que hasta ahora hemos construido, qué cara pondrían al saber que nosotros, los seres humanos, hemos enviado una sonda con mensajes en dirección a las estrellas (Voyayer 1), con la esperanza de que alguna civilización se entere a su vez, que estamos en un olvidado lugar, en los suburbios de la Vía Láctea.

El camino que nos llevó de los mitos, a aventurarnos de cara a la inmensidad del universo, es uno que será recordado en el momento en que debamos despegar con el fin de seguir alguna de “esas ideas locas” que como a Aristarco se le ocurrieron, y que revelaran aún más lo que esconde el universo. Pues iremos de una isla intergaláctica a otra, con la intención de nunca acabar.

 

Bibliografía

Andorfer, G; McCain, Rob. (productores). (1980). Cosmos: A personal Voyage [serie de televisión]. E.E.U.U: KCET

Universidad Autónoma de Occidente. (productores). (2016). Astronomía, la ciencia del futuro. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=mbj4x0eI7Rg

Cassini Imaging Team, SSI, JPL, ESA, NASA. (2006). Saturn in Blue and Gold. Recuperado de https://apod.nasa.gov/apod/ap170829.html

 

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