¿Y las constelaciones qué?: breve recorrido sobre su devenir

“Mirad a las estrellas ¡Mirad, mirad al cielo! ¡Oh! ¡Contemplad los fuegos artificiales del espacio! ¡Las brillantes ciudades y ciudadelas!”
-La noche estrellada, Gerard Manley Hopkins (1844-1889), poeta inglés.

En la astronomía observacional hoy destaca, al menos para quienes empezamos nuestro camino en la observación astronómica, la importancia de las constelaciones para la orientación en la gigante esfera celeste. Los más experimentados verán aún más allá de las figuras que se forman en el cielo estrellado, interesados en otros muchos aspectos como las estrellas que las componen, los cúmulos de estrellas, galaxias u otros objetos celestes, y preocupados por su composición, reacciones o interacciones.

Aún así nos cuestionamos; ¿por qué esta fascinación?, ¿qué son las constelaciones?, ¿cuáles son sus límites?, ¿a qué se debe su importancia?, ¿han estado siempre en la misma posición? Estas son algunas de las tantas preguntas que nos surgen a los aficionados, como seguramente en su momento a los más experimentados, cuando alzamos la vista al cielo nocturno decididos a navegar entre las estrellas.

Orígenes

Es seguro que desde los tiempos donde la humanidad habitaba un mundo sin luces artificiales las personas mirasen al cielo nocturno sobrecogidos o fascinados, al encontrarse con miles de astros para ellos desconocidos y en un aparente desorden. Pero al identificar patrones repetitivos en estos astros diversas culturas, o los primeros astrónomos, buscaron agruparlos en constelaciones que les permitieran reconocerlos y así ayudarse en tareas como la orientación en la navegación, tal como destaca Levy (1995): “desde que se hicieron a la mar en embarcaciones, los navegantes han mantenido una estrecha relación con el cielo, pues, lejos de tierra firme, precisaban estudiar la posición de las estrellas para guiarse” (Levy, 1995, p.15).

Éstas constelaciones se entendieron en principio como dibujos que se formaban en el cielo al vincular ciertas estrellas fácilmente reconocibles, los cuales representaban con sus figuras desde objetos y animales hasta leyendas y divinidades de los diferentes pueblos o culturas.

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El poderoso Orión. Crédito: Guía estelar. Robin Kerrod

Hoy entendemos que la alineación de un conjunto de estrellas para formar una figura arbitraria se denomina asterismo, diferenciándose de una constelación que sería una “agrupación convencional de estrellas, cuya posición en el cielo nocturno es aparentemente invariable” (anónimo, 2018). Y pertenece a un área o partición específica de la esfera celeste, de modo que incluye a cualquier astro que se encuentre dentro de ella, aunque no pertenezca a la figura que forma.

Esto se debe a que a través de los años cientos de personas crearon constelaciones sin seguir algún sistema, lo que generó que existieran demasiadas e incluso se sobrepusieran unas a otras. Por lo mismo, “a partir de 1928, la Unión Astronómica Internacional (UAI) decidió reagrupar oficialmente la esfera celeste en 88 constelaciones con límites precisos, tal que todo punto en el cielo quedara dentro de los límites de una figura”. (Anónimo, 2018). Trabajo que fue llevado a cabo fundamentalmente por el astrónomo belga Eugène Joseph Delporte, donde se retomaron principalmente 48 constelaciones reconocidas por los griegos en la antigüedad, de las que Ptolomeo dejó constancia alrededor del 150 d. c. en El Almagesto, “las 40 constelaciones restantes se añadieron (…) de la mano de los astrónomos alemanes Johann Bayer (en 1603) y Johannes Hevelius (en 1690), así como el astrónomo francés Nicolas Lacaille (en 1752)” (Kerrod, 2006, p.48).

Sin embargo, al mirar al cielo en su búsqueda, “hay que recurrir a grandes dosis de imaginación para ver en las constelaciones aquello que se supone que representan” (Kerrod, 2006, p.48). Son pocos los casos en que éstas se parecen realmente a sus figuras representadas, como Escorpio, que no precisa de gran esfuerzo para ver en su asterismo la figura de un escorpión preparando su mortal cola curvada.

Cambios

Las figuras que forman en el cielo las estrellas brillantes, las constelaciones, no parecen haber cambiado ni siquiera tras miles de años. Los astros que las conforman se muestran fijos e inmutables y parecen viajar juntos por el espacio. Sin embargo, no es más que una ilusión. (Kerrod, 2006, p.48)

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Bóveda celeste concepto antiguo. Crédito: Guía estelar. Robin Kerrod

Esta ilusión se genera debido a la idea que tenemos sobre la esfera o bóveda celeste. Durante siglos se pensó que la Tierra se encontraba literalmente dentro de una esfera que rotaba a nuestro alrededor. Así, al desconocer las distancias reales entre la Tierra y los demás objetos celestes, se pensó que éstos se hallaban pegados a la esfera de alguna manera, generando el efecto de que todos rotaban a la par en el cielo a una misma distancia. Fue solo hasta 1838 cuando el astrónomo alemán Friedrich Bessel, midiendo el paralaje entre las estrellas acabó con esta ilusión al percibir el cambio aparente de una estrella respecto al fondo de las demás.

En la actualidad sabemos que “las estrellas están a diferentes distancias, y que es la rotación de la Tierra sobre sí misma, de occidente a oriente, la que ofrece esa ilusión de los astros girando de oriente a occidente” (Puerta, 2008, p.39). Por lo tanto se puede afirmar que las estrellas de las constelaciones no se encuentran agrupadas de ninguna manera, realmente son bastante independientes entre sí, y entre ellas suele haber cientos de años luz de diferencia. Aunque existen cúmulos de estrellas e incluso estrellas binarias dentro de algunas constelaciones, como es el caso de Alcor y Mizar pertenecientes a la Osa Mayor, claro que ésta última es en realidad un sistema de cuatro estrellas.

Así mismo se ha generado con el tiempo la ilusión de que las constelaciones han tenido siempre la misma forma, pues aparentemente las estrellas no se mueven en el cielo, “quienes observaban los astros en las primeras civilizaciones de Oriente Medio, hace unos 5.000 años, veían prácticamente las mismas figuras que nosotros hoy en día” (Kerrod, 2006, p.47). Pero esto no es del todo cierto, las estrellas de las constelaciones viajan todas de forma independiente a velocidades y direcciones distintas por el espacio. Sucede que esto es poco perceptible debido a las grandes distancias que nos separan de ellas, por lo que solo al cabo de miles de años se apreciarían cambios notables.

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Osa Mayor. A: hace 100.000 años, B: actual, C: dentro de 100.000 años. Crédito: Atlas de astronomía

Otro de los cambios mucho más notable que sufren las constelaciones es su posición sobre la esfera celeste a lo largo del año. El cielo nocturno cambia constantemente, durante la noche puede observarse como las constelaciones se desplazan. Sin embargo, si se observa el mismo punto del cielo un mes después las constelaciones no se hallarán en el mismo lugar de antes, puede que incluso algunas desaparezcan y otras nuevas se muestren, dependiendo del sitio en la Tierra donde se haga la observación.

Este fenómeno ocurre debido a la rotación de la Tierra, con la cual medimos la duración del día en 24 horas, ya que los astros no salen por el horizonte exactamente en este mismo tiempo. Realmente el Sol si bien avanza 15° por hora hacia el occidente, a su vez se desplaza 1° por día hacia el oriente, lo que hace que éste se demore todos los días aproximadamente cuatro minutos más en salir que las estrellas. “En relación con el Sol, la Tierra completa un giro cada 24 horas; pero en relación con las estrellas lo hace en unos 4 minutos menos” (Kerrod, 2006, p.54). De este modo, ya que el día lo medimos en relación con el Sol, en astronomía se mide el tiempo de los astros como si éstos se adelantaran a él cada día 4 minutos, o sea que las constelaciones salen siempre cada 23 horas y 56 minutos, lo cual se denomina tiempo sidéreo o tiempo sideral, y es el causante, junto con la traslación de la Tierra, de que cada época del año se observen unas constelaciones y otras no, pues el brillo del Sol puede ocultarlas.

Respecto a ello Puerta (2008) afirma:

Mejor así. Cuando observamos la constelación de Orión elevarse por el horizonte de Oriente en el mes de septiembre, después de varios meses de ausencia, experimentamos la misma sensación que cuando de repente vemos a un antiguo amigo del cual nos habíamos olvidado. (p.43)

Para concluir

Si bien es mucho lo que puede decirse aún sobre las constelaciones, incluso no solo astronómica sino por ejemplo cultural o históricamente, también es posible que ya no se creen en nuestros tiempos nuevas divisiones de la esfera celeste que podamos llamar constelaciones, aún así, esto no significa que en un futuro no contemos con un catálogo más extenso de ellas, pues ahora entre las tantas y tan fascinantes preguntas que surgen dentro de la astronomía podemos encontrar una muy peculiar, ¿qué constelaciones observaremos desde otros cuerpos celestes?

“Historias, leyendas y curiosidades alrededor de los astros y las constelaciones nos recuerdan que la observación del cielo es algo más que técnica y orientación: es sencillamente el primer paso en el conocimiento del inmenso y misterioso universo que habitamos” (Puerta, 2008, p.19).

Para saber más

Anónimo. (28 de Agosto de 2018). Constelación. Recuperado de wikipedia.org: https://es.wikipedia.org/wiki/Constelaci%C3%B3n el 17 de Septiembre de 2018

Atlas de astronomia : descubrir el universo. (2000). Barcelona: Cultural.

Kerrod, R. (2006). Guía estelar. Barcelona: Blume.

Levy, D. H. (1995). Observar el cielo. Barcelona: Editorial Planeta.

Puerta Restrepo, G. (2008). Guía para viajeros del cielo : astronomía con binoculares. Bogotá: Intermedio Editores.

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