Cosmogonía y Cosmovisión de los pueblos Indígenas

Resultado de imagen para COSMOVISION indigenaEl propósito de este ensayo es adquirir conocimientos sobre el desarrollo histórico de los pueblos indígenas, así como de sus principales características culturales, a partir de la cosmogonía y cosmovisión de estos, con el fin de valorar las tradiciones y saberes propios, que hacen parte del bagaje cultural del pueblo, así como también obtener nociones sobre el origen, la interpretación de mundo y las prácticas cotidianas de los pueblos indígenas del país. Donde se inicia con la idea de responder a las preguntas fundamentales, luego se da a conocer la visión que tienen los indígenas con respecto al origen del universo y su manera de ver e interpretar el cosmos finalizando con la conclusión a manera de reflexión.

Aunque los pueblos indígenas de América no tenían instrumentos astronómicos para saber lo que estaba pasando en cielo y como realmente fue el surgimiento del universo, las culturas inventaron diferentes formas y métodos sumado a esto diferentes tipos de mitos, leyendas y relatos en donde se integran los elementos simbólicos más representativos de estos grupos, dependiendo de aspectos propios del entorno como la geografía, para entender el tiempo y todo lo que estaba a su alrededor y de alguna forma tener organizado su tiempo. Según los indígenas que pertenecían a Mesoamérica “el mundo fue creado por el dios Sol en cuatro etapas progresivas. Estas creaciones iniciales fueron sucesivamente destruidas por la debilidad de los seres que entonces nacieron, sólo la quinta creación, la que actualmente vivimos pudo consolidarse.

Es decir, “en estos relatos las creaciones tienen un sentido evolutivo, pues aun cuando fueron interrumpidas por destrucciones catastróficas, dieron paso a una nueva creación del mundo”[1] para los nativos la quinta y última generación la creó un dios doble, donde para los seres vivos el alimento principal era el maíz, que sería su carne, su sangre y su sustento, en esta época se ordenó el cosmos en donde bajo de la Tierra estaba el inframundo y encima estaba el cielo, tenían la idea de que la Tierra estaba quieta y quienes giraban a su alrededor eran la luna y el sol eran los dioses que los iluminaba y que de alguna manera habían asignado tareas a los hombres.

Las culturas de los pueblos nativos de sur América también tenían una visión de que el mundo había pasado por etapas “Según los Indígenas de la Sierra Nevada, el mito de creación tuvo dos etapas, Primero fue oscuridad, no existía ni la luna ni las estrellas solo existía una gran superficie de agua en medio de esa oscuridad, luego cuando el pensamiento de la madre quiso, apareció la luz y con ella todo lo que hay en el firmamento[2]

Con respecto a la división y composición del universo las culturas nativas compartían “ideas similares”. Algunos pueblos conciben el universo formado por tres planos superpuestos y orientados hacia los cuatro rumbos cósmicos. “La Tierra siempre aparece como el plano principal, ubicada entre el espacio celeste y el inframundo; cuando se refieren al rumbo del universo se menciona sobre las direcciones del sol asociado con colores: el oriente por donde sale el sol que tiene color rojo, el oeste es el lugar donde se oculta el astro y se reconoce por su color amarillo, el norte señala el color blanco, mientras que el sur es el rumbo de los muertos y se identifica con el color negro”[3] Según este pensamiento cada plano del universo está subdividido por capas donde el cielo tiene siete escalones, mientras que el inframundo tiene cinco capas donde la Tierra es el punto de equilibrio entre el plano celeste y el inframundo, entre los seres humanos y los dioses. Mientras que para otras culturas El cosmos solo está dividido en tres partes: la Tierra donde florece la naturaleza, donde vive el hombre, un lugar mágico donde hay vida, el Cielo donde habitan las estrellas, la luna, las constelaciones y el sol, en esa región también habitan los dioses del viento, el trueno, el relámpago y la lluvia. Es el lugar luminoso, fecundador y masculino del cosmos y finalmente El inframundo o infierno, como lo llamaron los cristianos, un lugar donde moran los muertos también se describe como el interior de la tierra, una región fría, húmeda y oscura, recorrida por ríos subterráneos y entreverada de cuevas. Las cuevas son las aberturas que comunican el inframundo con la superficie terrestre y el almacén donde se guardan las semillas nutricias. En los relatos indígenas las cuevas del interior de los cerros son representadas como almacenes donde se conservan los alimentos preciosos y se acumulan las aguas fertilizadoras, además se dice que es una fuente de la riqueza cósmica, donde se regeneran los astros, los seres humanos y la naturaleza.

Cabe destacar la cultura de los kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia, para ellos la Tierra estaba dividida en nueve planos donde cada plano reinaba un padre y una madre donde que no representaban personas ni cosas si no que simbolizaba un espíritu, un pensamiento una memoria. El número nueve (9) fue muy significativo para esta y muchas culturas tanto indígenas como occidentales ya que es múltiplo de trescientos sesenta (360) un sistema de numeración escogido para que todo sea más fácil de entender sobre todo el tiempo; un número que se utiliza para innumerables manifestaciones y conceptos de la vida diaria, por ejemplo: “nueve meses de gestación de la madre, duración de ceremonias y rituales también en las manifestaciones folclóricas, al igual que las ofrendas, los cantos, mitos y bailes, incluso en la arquitectura, donde el interior de la casa ceremonial tiene nueve estantes representando las tierras, y en el ritual de enterramiento donde nueve días dura el velorio”[4] por lo tanto la cosmovisión de los pueblos indígenas abarca, tanto su forma de pensar y concebir el mundo, como su relación constante con la naturaleza, la cual es vista como una Madre de gran respeto.

Para los pueblos indígenas la Tierra y la Naturaleza son seres vivos que sienten, que lloran cuando reciben maltrato de los seres humanos donde el sol, la luna las estrellas y los animales son parte de un todo, entorno que está rodeado de guías espirituales que conviven con nosotros y de una u otra manera se comunican con los seres humanos mediante signos, símbolos, sonidos o señales que los animales u otros elementos del espacio dan.

Señales como los cambios de otoño a primavera de verano a invierno, así como la importancia de las fases de la luna, son esenciales para la agricultura, la cacería, para la construcción de casa o para la artesanía; así como también lo es “el ciclo del Sol que es el principal regulador de los distintos ritmos del tiempo (lineal, cíclico, generacional), el marcador de las divisiones espaciales del  universo, la potencia que vivifica los ciclos de la naturaleza y el orquestador de las actividades diarias y estacionales de los seres humanos”[5]. El transcurso del Sol, de oriente a poniente, es el eje ordenador del tiempo y del espacio que se mide al contrario de las manecillas del reloj, es el movimiento que imitan los ritos y ceremonias en lugares sagrados; el sol que brinda luz y calor representa vida, fertilidad, crecimiento y fuerza positiva.

 En la actualidad pueblos indígenas aún conservan el calendario de fiestas religiosas y agrícolas que sigue siendo el principal regulador de las actividades colectivas y el activador de su memoria histórica. A continuación, una breve descripción realizada por Rafael Girad del calendario de los Mayas que es muy utilizado por la mayor parte de culturas indígenas; comenzaban con la fiesta del año nuevo (8 de febrero), una ceremonia compleja que recreaba simbólicamente el momento inaugural de la fundación del cosmos. Esta ceremonia, como la mayoría era dirigida por chamanes y “brujos” indígenas en el templo del pueblo, en los campos de cultivo o en lugares sagrados. Más tarde seguían las ceremonias dedicadas a celebrar el equinoccio solar que tenía lugar el 21-22 de marzo, cuando se iniciaban las rogativas para solicitar lluvias abundantes. A fines de abril o principios de mayo ocurría la gran ceremonia que conmemoraba el fin de la temporada seca y el comienzo de la época de lluvias, la cual desencadenaba una serie de ritos que involucraban a la mayor parte de la población. Los solsticios (21-22 de junio y 21-22 de diciembre), así como el segundo paso del sol por el cenit (12-13 de agosto), eran motivo de ceremonias que demandaban buenos temporales para el cultivo del maíz. Terminaba esta sucesión de ceremonias agrícolas con la fiesta de la cosecha, antecedida por la gran festividad de recordación de los muertos (29 de octubre y primero de noviembre).

Resultado de imagen para calendario maya y aztecaFinalmente concluimos que los nativos sabían que habían surgido las evoluciones que pasaron desde la creación del mundo. Cabe resaltar que lo que unía a estos pueblos y los que aún sobreviven, es ese respeto que tenían y todavía  tienen por la naturaleza, por ejemplo: los indígenas de la Amazonia señalan “que la mayor parte de las plantas y los animales poseen un alma (wakan) similar a la del ser humano, facultad que los alinea entre las personas (aents) en tanto que les confiere conciencia reflexiva e intencionalidad, les capacita para experimentar emociones y les permite intercambiar mensajes con sus iguales, así como con los miembros de otras especies, entre ellas, los hombres”[6] asimismo que las culturas indígenas son un sistema delicado e influenciable por las sórdidas luces del progreso, que las ha puesto al borde de su extinción, en parte por su poca preocupación por mantener en la actualidad sus costumbres, y por otro lado, por el abordaje indiscriminado de las sociedades modernas, que con su tecno-cultura y ansias por experimentar de una manera errónea, ritos y expresiones indígenas sagrados, des contextualizan y distorsionada, por lo que es muy importante por parte de la juventud indígena respetar sus territorios, costumbres ancestrales y construir conciencia en la importancia por preservar el conocimiento de los ancestros.

Para saber mas

Enrique Florescano. La visión del cosmos de los indígenas actuales. Desacatos. Revista de Ciencias Sociales, México, Año 2000.

José Víctor Torres Estrada. Cosmovisión y Cosmogonía de Los Pueblos Indígenas Costarricenses. Ministerio de Educación Pública, San José de Costa Rica, Año 2012.

Descola Philippe. Las Cosmologías de Los Indios de La Amazonia. Laboratorio de Antropología Social, París, Año 1998.

Guadalupe Vargas Montero. La Cosmovisión de Los Pueblos Indígenas. Patrimonio Cultural.

Daniel Stiven Jurado Jaramillo. La Casa y El Enterramiento Indígena. Universidad Nacional de Colombia, Manizales, Año 2014.

[1] Gary Gossen H, 1979. Citado en La visión del cosmos de los indígenas actuales. Desacatos. Revista de Ciencias Sociales, Año 2000.

[2] Coronado, 1993. Citado en La Casa y El Enterramiento Indígena. Universidad Nacional de Colombia, Año 2014.

[3] Florescano, Enrique. 2000. La visión del cosmos de los indígenas actuales. Desacatos. Revista de Ciencias Sociales (5): 0

[4] Reichel Dolmatoff G, 1985. Citado por, Daniel Stiven Jurado Jaramillo. “La Casa y El Enterramiento Indígena.” Universidad Nacional de Colombia, Año 2014.

[5] Gary Gossen H, 1979. Citado en La visión del cosmos de los indígenas actuales. Desacatos. Revista de Ciencias Sociales, Año 2000.

[6] Descola, 1986. Citado en Las Cosmologías de Los Indios de La Amazonia. Laboratorio de Antropología Social, Año 1998.

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