Una breve mirada en el paso de la astrología a la astronomía

En la historia del ser humano moderno (o al menos civilizaciones que guardaron información) se logra documentar la relación del ser humano y el cielo, llevando esto a convertirse en el paso del tiempo desde varias interpretaciones o formas de concebir el entorno que habitamos, se pretende entonces, llegar a un acercamiento a dos visiones con caminos muy cruzados en su inicio que, posteriormente se desligan en su método y aplicación. Hacer un somero breve sobrevuelo en esta historia sugiere centrarse en la mirada del ser humano al día y la noche, en especial la noche, aquella que permite ver los objetos allí ‘invisibles’, pues, esto sugiere la pregunta de ¿dónde estamos? y ¿qué hay allá afuera?, preguntas como estas (y cualquier otra que lleve impregnada el paso por la curiosidad) ha llevado al humano a responder por diferentes motivos descubiertos en el método inventado y socialmente legitimado en la búsqueda de esa o esas respuestas.

Es evidente que, a medida que pasa el tiempo el ser humano busca formas diferentes para hallar dichas respuestas, siempre que, se encuentre un método socialmente aceptado que avale dicha propuesta, ya que, si no es de esa manera tiende a quedar olvidado o ni siquiera tomado en cuenta para posteriores estudios o en su contraposición meras especulaciones (que pueden ser aceptadas desde lo popular).

Hay que tener en cuenta que este ensayo o escrito, no busca generar el debate si está bien o mal desde la ética o moral social las prácticas de mirar el cielo y ‘teorizar’ sobre ello, simplemente marcar los caminos o al menos una visión de sus diferencias a lo largo de la historia, en donde la astronomía busca unos fines o se soporta en demostraciones y del camino de la astrología de quedarse en sus aproximaciones subjetivas y como idea popular (abstracta) hasta nuestros tiempos –siglo XXI–, por eso, nos centraremos en autores y textos de forma más histórica que teórica en cada campo.

De manera histórica tenemos a Cardona Ángel (2013), en su libro ‘BREVE HISTORIA de la ASTRONOMÍA’ describiendo el posicionamiento de la astronomía como una disciplina en el escrutinio del firmamento (de esto hablaremos más adelante) y por el otro lado el estudio de los astros que nos permitía conocer un futuro casi que inmediato o cercano, llevando en momentos que los llamados sacerdotes o portadores de ésta disciplina predijeran resultados de batallas, épocas de hambruna y demás suposiciones o especulaciones en el futuro de una comunidad, todo esto a partir de “las representaciones de las posiciones planetarias de los astros de nuestro sistema solar (los planetas, la Luna y el Sol) en su viaje anual sobre el plano por el que se traslada la tierra”.

En efecto, estas observaciones las dividen en lo que el autor señala como la bóveda celeste dividida en doce partes iguales, por lo que, “estas regiones incluyen las constelaciones cuyos nombres originan de los conocidos signos del zodiaco (Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis), de esto se comprende que dichas personas se dedicaban a caracterizar zonas del cielo, y su rotación por el mismo a lo largo de lo que era un año, una vez ya caracterizada la zona y de forma cultural se le comienza a simbolizar cualidades o atributos poderosos sobre las personas y la forma de actuar de las cosas, es decir, “la fecha, hora y lugar de nacimiento de una persona o de un determinado acontecimiento, permite encuadrarla en una región zodiacal, y a partir de eso, mediante una interpretación totalmente subjetiva, los astrólogos realizan sus particulares predicciones”. Cabe aclarar que la astrología según el autor sigue viva por una ‘consolidaciones de la creencia popular’, atribuyendo a esto la posibilidad de conocer el futuro.

Por otro lado, Tester (1990), nos hace la claridad que la astrología comúnmente descrita en nuestro contexto debería ser delimitada de otras partes del planeta o regiones, pues, sugiere que ésta es una astrología occidental, aun así, en concordancia con el discurso, los dos autores sugieren que la astrología no logró avanzar en discurso, y jamás lo podrá hacer, pues sus limitantes conceptuales y demostrativas la llevan a que sea difícil de documentar bajo un sentido de método serio en interpretación crítica y experimentable de los hechos, con relaciones medibles y justificadas en causa.

En cambio, Samsó (1981), nos muestra como cálculos o interpretaciones numéricas del cielo hechas por Ramón Llull, ayudó a darle un valor matemático a la astrología, sin embargo, dichas interpretaciones eran otra forma de la época (siglo XIII) de interpretar el cielo, que, de forma curiosa en vez de aportar a la astronomía, es entonces un foco de ‘cálculos’ aprovechados por la astrología.

Como lo mencionado anteriormente, esta historia de astrología es la más popular en nuestro contexto occidentalizado, mas no que fuere occidental en su pasado, Cardona Ángel (2013), evidencia de manera breve cómo se conjuga la astronomía y las otras culturas, sin embargo, resaltando que esto era en lo mismo, la simbolización del cielo (llegando a exactitudes en predicción de fenómenos astronómicos) y la interpretación socio-cultural de ello. Nos habla entonces de, ‘el círculo de Goseck’,’el disco celeste de Nebra’ y otros lugares que se hizo astronomía para la época, en el antiguo Egipto, Babilonia, antigua China, comunidades precolombinas como: Maya, Azteca, Inca, Nazca y Anasazi. A menos que fuera un ensayo meramente descriptivo podríamos seguir hablando de otras formas de concebir la observación del cielo, sin embargo, dejaré autores sugeridos para poder hablar de ello, en ejemplo: (Down, 2017) hablan de las implicaciones o efectos sociales de las formas de hacer astronomía y los calendarios astronómicos de culturas mesoamericanas. José Llul (2011), explicando cómo se hacía astronomía en el antiguo Egipto, entre otros autores en las bases de datos bibliográficas.

Ahora bien, los autores centrales de este texto, sugieren un cambio de paradigma en la forma de hacer ciencia, ello lleva a desarrollar herramientas que pudiera de alguna manera y en la limitante tecnológica del momento lograr argumentar bajo la demostración observacional lo que se quería sustentar de manera teórica y matemática, siendo este punto, en el renacimiento, con grandes contribuyentes como Copérnico, Kepler, Brahe, Galileo Galilei y posterior mente Newton, que logran contribuir y luego posicionar la Astronomía mediante el lenguaje matemático como una nueva ciencia, reescribir y releer cosas dichas en el pasado para poder, de una forma no esotérica como la astrología –que por su falta de sustento ha quedado en el lugar que merece, es decir, en el ridículo para la aplicación de un método. Menciona Ángel Cardona–.

A modo de conclusión, se podría decir que, es la astronomía quien ha podido definir mediante observación, experimentos, generación de hipótesis y experimentación, las preguntas que el ser humano se va haciendo en cuanto al mirar el cielo, claro, partiendo del precepto clásico de qué hay afuera, de dónde somos y para dónde vamos, preguntas que en un inicio estuvieron muy entrelazadas por la astronomía y astrología, claramente, ésta última quedándose en la actualidad de forma ‘tangible’ en palabras en forma de horóscopo, o tratando de mediante métodos números (sin demostración) llegar a predecir personalidades o eventos futuros de una sociedad o sujeto, sin embargo, carece del método realizado por un trabajo científico, y como se menciona antes, queda en una actividad de creencia popular.

            Bibliografía.

Cardona, A, R. (2013). BREVE HISTORIA DE LA ASTRONOMÍA. Madrid, España: Ediciones Nowtilus S.L.

Down, A, S. (2017). Cycles of Death and Rebirth in Mesoamerican Cultural Astronomy and the Calendar. Ancient Mesoamerica. 28, p. 465-473.

Lull, L. (2006). LA ASTRONOMÍA DEL ANTIGUO EGIPTO. Valencia, España: Universidad de Valencia.

Samsó-Moya, J. (1981). Notas sobre astronomía y astrología de Llull. Studia lulliana. 25(73), p. 199-220.

Tester, J. (1990). HISTORIA DE LA ASTROLOGÍA OCCIDENTAL. México DF, México: siglo xxi editores, s.a. de c.v.

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